La criptorquidia, o testículos no descendidos, puede parecer un problema menor en la infancia, pero sus consecuencias en la adultez —como la infertilidad y el cáncer testicular— son graves y evitables. Estar atentos desde los primeros meses de vida, consultar a tiempo y garantizar el acceso oportuno a una cirugía segura puede marcar una diferencia decisiva en la salud futura de miles de niños.

Se estima que la criptorquidia afecta aproximadamente al 3 al 5 % de los recién nacidos a término, y hasta un 30 % de los prematuros. En la mayoría de los casos, el testículo desciende espontáneamente durante los primeros seis meses de vida. Sin embargo, cuando esto no ocurre, la intervención médica resulta imprescindible.

“La criptorquidia no corregida aumenta entre 4 y 8 veces el riesgo de desarrollar un tumor testicular en la adultez”, advierten los especialistas en urología pediátrica. Esto se debe a que el testículo retenido en la cavidad abdominal o en el canal inguinal queda expuesto a una temperatura más alta que la normal, lo que puede alterar la producción de espermatozoides y favorecer cambios celulares malignos.

La clave está en el diagnóstico precoz

La detección se realiza mediante examen físico en los controles pediátricos. Si a los seis meses el testículo no se encuentra en el escroto, se enciende la alerta.

  • Revisar periódicamente durante el baño o cambio de ropa si ambos testículos están en el escroto.

  • Consultar de inmediato si uno o ambos no se palpan o si el escroto parece vacío o asimétrico.

  • No esperar que el problema se resuelva espontáneamente después de los seis meses.

La solución es quirúrgica y se llama orquidopexia: una intervención breve, ambulatoria y con baja tasa de complicaciones cuando se realiza en el momento adecuado, idealmente antes de los 18 meses de vida.

Además del riesgo oncológico, la criptorquidia puede ocasionar infertilidad, especialmente cuando afecta a ambos testículos. Por ello, las guías clínicas internacionales recomiendan realizar la cirugía correctiva, conocida como orquidopexia, antes de los 18 meses de edad.

El diagnóstico temprano se realiza mediante exploración física en las revisiones pediátricas, y en algunos casos puede complementarse con ecografía. “La clave está en que los padres acudan a los controles y consulten si notan que el escroto de su hijo parece vacío o asimétrico”, señalan los especialistas en urología pediátrica.

En conclusión, la criptorquidia no es un problema menor. Aunque muchos casos se resuelven solos, aquellos que persisten requieren atención médica temprana para reducir drásticamente el riesgo de cáncer testicular y preservar la fertilidad futura.